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A las personas, en general, nos cuesta trabajo hablar de dinero.  No nos permitimos hablar de dinero más que para quejarnos de él: no me alcanza para nada, que nos pagan poco, que se nos fue como agua y mil otros etc.

Pero no hablamos de nuestras metas financieras, de nuestros planes a futuro y mucho menos transmitimos conocimiento financiero a los hijos.  No les explicamos cómo llevamos las cuentas de la casa.  ¡Qué tal que crecen, me van a estar fiscalizando!

Incluso, evitamos el tema con nuestra pareja.  Nos resulta socialmente mal visto.  ¡Que sea lo que Dios quiera! ¡Dios proveerá!

Cuando tenemos hijos asumimos un compromiso no hablado y personal de tratar de darles lo mejor.  Aunque no somos claras para pensar en lo mejor… ¿lo mejor de qué?

Tal vez podríamos pensar en la mejor comida, la mejor ropa, los mejores juguetes, la mejor educación. Y dentro de esos mejores, no nos planteamos la posibilidad de darles la mejor educación financiera.  A lo más que llegamos es a comprarles un cochinito y decirles que ahorren.  Como si eso ya nos eximiera de la gran responsabilidad de educarlos en el buen uso de la mejor herramienta que van a tener a lo largo de su vida: el dinero.

Les permite desarrollarse como mejores personas. Si los educamos financieramente bien serán capaces de ser responsables, aprenderán a priorizar y a postergar la gratificación. Cualidades que no solo les servirán para manejar muy bien el dinero si no que les abrirá muchas puertas y les enseñará a tomar mejores decisiones en muchos aspectos de su vida.

Puede resultar muy fácil desviar la educación financiera de tus hijos a malos puertos y muchas veces sin darnos cuenta. Aquí les compartimos algunas ideas para asegurarse de que sus pequeños están aprendiendo las lecciones correctas sobre el uso del dinero.

 

1 No hablar de dinero

Como decíamos antes, no hablar de dinero es uno de los errores más frecuentes que cometen los padres.  Los niños entienden que hay cosas de las que se puede hablar y otras de las que no.  Y casi que en la misma categoría caen juntos el sexo y el dinero.

Los niños de entre 3 y 4 años ya pueden ir entendiendo conceptos sencillos sobre el dinero como el trueque o intercambio. Ya distinguen perfectamente que si cambian una moneda o billete (no importa si conocen su valor) obtendrán el dulce que tanto se les antoja.  Si no comenzamos a esa edad a hablar de dinero lo más probable es que comiencen a hacer sus propias conjeturas (normalmente equivocadas) sobre el mismo.

Lo importante de reconocer aquí es que si evitamos hablar de dinero igual estamos mandando un mensaje sobre el uso del mismo y tal vez puede ser un mensaje que no sea el que en realidad queremos transmitir.

Seas consciente o no de que le estás enseñando a tu hijo sobre dinero, él o ella igual están aprendiendo de dinero al tratar de copiar tus actitudes frente al mismo.  El ejemplo arrasa.

2 Dar premios económicos con base en el buen comportamiento, calificaciones o tareas realizadas.

Premiar a los niños, per se, no está mal.  Lo que se considera un error es “pagarles” por hacer cosas que son su responsabilidad.  Casi los estás amaestrando: si hacen bien las cosas recibirán dinero. Y en la vida real, cuando eres adulto, nadie te paga por hacerte responsable de tus cosas.  Te pagan por tu tiempo realizando tareas específicas pero no por tus responsabilidades personales.

Por ello, para enseñar buenos conceptos del dinero, es mejor darles una cantidad de dinero semanal que deberán guardar y una vez al mes la podrán usar para algún gusto que se quieran dar.  De esta forma le estarás enseñando conceptos como ahorrar y gastar adecuadamente.

3 Juzgar cómo lo gasta

Claro que como educador y padre tienes derecho a intervenir y evitar que tu hijo tome decisiones equivocadas al momento de querer gastar su dinero.  Por ejemplo, si quiere comprar algún video juego muy violeto o películas no aptas para su edad, pero si te la pasas juzgando cada compra  que haga de cosas sin valor o comida chatarra o cosas que no le aportan ningún beneficio, lo más probable es que se escabulla para comprarlas sin que tú sepas y con ello no solo les enseñas a usar bien el dinero sino que también promueves actitudes de encubrimiento para etapas de edad mayor. Al no juzgarlos puedes ir encaminando su autocontrol, autorregulación y la toma de decisiones.  A largo plazo, seguro que decidirá mejor.

 

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Mucho ojo cuando educas a tus hijos financieramente
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